Vivimos solo para el estuche ? Ricardo M. Almada

Nuestra sociedad actual vive el resultado de su propia opción… el de copiar y consumir modelos estereotipados, ajenos a la realidad de cada persona. Todo eso se manifiesta en la moda, en la estética, en lo espiritual.
Sin darnos cuenta, nos hemos vuelto consumistas y lo peor, es que respondemos muy bien como reflejo condicionado al estímulo de las falsas necesidades que todos los días recibe nuestro cerebro… consuma esto, compre esto, vístase así, esto es amor, esto no es amor… hasta lo espiritual se ha vuelto de consumo masivo… no por fe, sino por marketing. Los medios de comunicación a través de la publicidad, solo buscan vendernos una ilusión, una falsa promesa.
Los artífices del consumismo alienante, establecen las pautas de lo que es bello, de lo que es feo, creando y amplificando un racismo óptico que nos destruye interiormente. Vivimos en función de la moda aunque nos enferme, nos perjudique, no nos siente bien o nos deje ridículos.
Aquellos mismo artífices del consumismo alienante, establecen la pauta de lo que es varonil o femenino. La imagen del ideal masculino ya no es varonil como hasta el siglo pasado, ya que actualmente son afeminados, híbridos o musculosos y misóginos, abriendo las puertas a la homosexualidad y lo peor de todo, que este comportamiento antinatural se va aceptando cada día como algo natural, con la ridícula excusa de una falla genética.
En el caso masculino, tenemos como resultado el MISOGISMO (odio hacia las mujeres).
Los supuestos derechos humanos, legalizaron la perversión y abrió las puertas a la degeneración de la humanidad, en nombre de una supuesta opción sexual. Y como consecuencia general desastrosa para la sociedad, estos artífices del consumismo alienante, generan un conflicto interior, porque las personas en lugar de ser ellos mismos, tratan de cumplir las exigencias que impone ese devastador consumismo alienante. Los gordos sufren porque no corresponden al ideal de belleza. También así las personas que comienzan a manifestar arrugas, porque en la moda actual no se acepta el paso natural de los años, porque vivimos en una moda plástica e inquisidora hacia la naturaleza. Y tal es la presión social, que estas personas se deprimen ante el paso de los años, comienzan a pensar negativamente, a despreciarse cada vez mas como personas, perdiendo totalmente su autoestima y optando finalmente por hacerse un lifting, sin importarle las consecuencias.
Nuestra sociedad, alienada y alienante, perdió el sentido de valorar las cualidades positivas en cada ser humano, como por ejemplo, el coraje, el ideal, la honestidad, la dignidad, la inteligencia….
Podemos estar en presencia de una persona bella por lo que manifiesta interiormente, pero nos perdemos la oportunidad de disfrutar esa belleza interior, porque nuestro racismo óptico mira solo el estuche.
El varón ve una linda chica y se deja fascinar por su cuerpo, sin importarle que esa chica tenga el cerebro congelado y sea incapaz de cruzar la calle y masticar un chicle al mismo tiempo.
Lo mismo pasa con las mujeres, que quedan fascinadas por el cuerpo de un fisiculturista o de un híbrido con cara linda, sin importarle que sólo tenga aserrín y pan rallado en el cerebro y sea mono función, o sea, un PRIMATE.
Tal es el condicionamiento de ver sólo el estuche, que lo único que hacemos cada día, es reforzar EL CULTO A LA MEDIOCRIDAD.
Se ha preguntado, con qué intención desea usted ponerse siliconas? Hacerse un lifting? Lipo aspiración?
Es para satisfacer su ego? Su vanidad? Su lujuria? Es para convertirse en fantasía del morbo sexual de varones y mujeres?
Hay que comprender que el ego, la vanidad y la lujuria NO SON AUTOESTIMA.
Es una pena que la belleza actual se rige por parámetros estandarizados que en definitiva sólo facilitan la venta masiva de artículos de moda y consumo masivo de cirugía plástica que es incompatible con la naturaleza del individuo. Se ha arraigado la tendencia de la moda de las barbies por un lado o de las supuestas rebeldes con tatuajes y piercing entre otros estilos. Las mujeres se identifican con uno u otro y arruinan su individualidad estética sin resaltarla de las demás, aunque supuestamente busquen diferenciarse.
El ideal de belleza que buscan la gran mayoría de las mujeres, es parecerse a una diva de cine, televisión o modelo y hacen lo que sea para parecerse a ese prototipo.
Es importante saber que cada persona tiene su propio potencial de belleza, sus formas bellas, distintas de las demás. No se puede forzar un estilo estético, para parecerse a otra persona, ya que nacemos con una apariencia muy propia que no se puede combinar por partes con las de otras personas. Tiene más valor, aceptarse a sí mismo y resaltar su belleza espiritual y física, antes que rechazarse y anularse espiritualmente, copiando estuches que serán imposibles de igualar y que traerán nuevas frustraciones.
La cirugía estética no siempre es la solución para los problemas, salvo en caso de accidentes o mal formaciones, pues alteran la forma natural de la belleza. No busca descubrir la belleza oculta en cada persona, sino reforzar una careta… resultando negativa para la salud estética del paciente, con el agravante de ser definitivo y no poder corregirse. La cirugía fabrica una belleza forzada, que no siempre resulta estética.
Las personas que realizan un lifting, quedan con el rostro tenso y artificialmente rejuvenecidas, desligado del resto de su cuerpo y su actitud física general, arruinando su posibilidad de convertirse en una atractiva persona mayor, interesante y hermosa por su belleza natural… convirtiéndose en una persona mayor desfazada de su tiempo, debido a los transtornos psicológicos que representa “verse más joven”… ya que se comportan como si tuvieran 20 años menos y se convierten en personas ridículas y desubicadas en su tiempo y edad.
Como es sabido, la diferentes operaciones quirúrgicas agotan la piel del paciente, por lo cual este recurso, puede ser utilizado un limitado número de veces… y a la larga, estas operaciones, hacen estéticamente necesario un arreglo, que es imposible realizarlo, ya que la piel del paciente y su fisiología nunca a vuelven a ser las mismas después de cada operación, ya que los tejidos están agredidos y dañados, limitando la vida útil y sana de los mismos.
Hay que pensar antes de lanzarse a cambios forzados, que usted cree que son imprescindibles. La belleza hay que lograrla, manteniendo sano el cuerpo sin agresiones, sin cambios anormales y anti-fisiológicos.
Es importante que sepa que afortunadamente, en la inmensa mayoría de los casos, el tratamiento quirúrgico no es esencial. Es mejor cultivar una belleza natural con una buena salud estética, que respeta la individualidad y realza la belleza hasta su punto máximo.
Tengamos en cuenta que usted logrará el ideal estético propio, en el cual se sentirá a gusto con su apariencia, equilibrándose interiormente y aceptándose a si mismo.
Siempre es más agradable, un rostro naturalmente bien mantenido en una persona de edad, con sus estructuras intactas, apreciándose así su belleza individual, antes que una expresión artificial generada por una cirugía, que más parece el transplante de un rostro joven al cuerpo de una persona de edad.
La aceptación de la imagen de uno mismo pasa por la aceptación de sí mismo.
Ha llegado el momento de reflexionar y tomar conciencia de que no vivimos nuestra vida, sino lo que la sociedad quiere que vivamos como vida.
La solución? Conocerse a sí mismo.
Y, al conocerse realmente, se dará cuenta, que Usted a sido siempre un marioneta de la sociedad, con todas sus tradiciones culturales, religiosas, políticas.
Deje de medirse con estándares de otros, que no reflejan lo que usted es.
VIVA SU MOMENTO y que este sea en el tiempo presente y al hacerlo así, USTED HACE QUE EL MAÑANA SEA MEJOR.
La sociedad nos hace creer que la felicidad depende de elementos externos. LA FELICIDAD ES UN ESTADO INTERIOR, que tendríamos que tomar como objetivo en nuestra vida. Es el producto de ideas y sentimientos, independientes del entorno y determinado en el tiempo presente. No olvide, que somos el resultado de lo que pensamos, sea en positivo o negativo, vivimos lo que pensamos y nos transformamos en aquello que pensamos.