NUESTRA ESTRUCTURA DE PENSAMIENTO – TERCERA PARTE

LOS CAMINOS PROHIBIDOS DE LA CIENCIA.

Ricardo Martin Almada (ric.almada777@yahoo.com) 16/03/2019

En las partes anteriores de este escrito, hemos visto que la mente de los científicos se encuentra condicionada con una visión de la realidad fraccionada, mecánica, independiente, estática y basada en la lógica aristotélica, que, a su vez, es la base de la lógica de sólidos.
En esta parte analizaremos el papel de distintos dogmas, errores y concepciones rígidas de la ciencia para crear tabús, y caminos prohibidos e impedir el avance del conocimiento. La ciencia por definición no es dogmática. No puede aferrarse a leyes o parámetros rígidos, ya que todo es revisable y cuestionable. Incluso los grandes epistemólogos como Karl Popper (1902-1994), padre del método científico positivo actual, instaba a los científicos a tener “hipótesis audaces”, y estableció que la ciencia se basa sobre la refutación de hipótesis y eliminación de errores (principio de falsabilidad), no sobre su continua confirmación. El otro principio científico es el de reproductibilidad, que tiene que ver con que bajo el mismo método, varios científicos puedan tener el mismo resultado.

Entonces podemos concluir que el principal problema del avance de la ciencia no es el método en sí, sino los dogmas, errores y confusiones insertados en las mentes de los científicos. En el siguiente escrito, desarrollaremos los principales dogmas de la ciencia actual, y la manera como interfieren para el avance y surgimiento de nuevos paradigmas (Thomas Khun).

°1. El empirismo y su visión mecanicista de la realidad: también llamado erróneamente materialismo, es un dogma relativamente nuevo en la ciencia. Se trata de entender la realidad sola y exclusivamente a partir de datos observables por los cinco sentidos. Los filósofos y científicos anteriores a la ilustración, buscaban verdades absolutas, no temían hablar de lo inmaterial, el mundo de las ideas de Platón, o el noúmeno de Kant (Existencia pura independiente de cualquier representación sensorial). Esta manera no-mecánica de acercarse al conocimiento se volvió un tabú recién durante la ilustración, cuando los intelectuales de la época definieron que la ciencia no debía buscar verdades profundas y eternas sino se conforman con una realidad más material y provisional. Definieron entonces que el objetivo de la ciencia era generar consensos, hechos reproducibles que pudieran ser calificados como verdad por varios científicos a la vez (principio de reproductibilidad). Un mismo método que pueda llevar a las mismas conclusiones. Decidieron que solamente mediante hechos materiales, empíricamente comprobables a través de los sentidos podían generarse estos consensos, pero en ningún momento excluyeron ni despreciaron por completo la existencia de estas verdades últimas, solamente no las tomaron como objeto de estudio por ser “poco prácticas”.

Creemos que la idea de generar consensos es válida porque, de haber una verdad, estaremos todos de acuerdo en ella, eso es lo que diferencia la ciencia del simple “porque yo lo digo”. Es también lo contrario al postmodernismo que dice “cada quien tiene su verdad”.

Es importante diferenciar el método científico del campo científico. El método sería la linterna, la manera de ver a la “habitación oscura” de la realidad. El campo es el objeto de estudio, es decir, la habitación misma. Los hechos no observables directamente por los sentidos fueron excluidos deliberadamente del campo de estudio de la ciencia, y éste nuevo dogma, por mucho tiempo impidió el avance de la psicología y las ciencias sociales.

La psicología desde la antigüedad fue el estudio del alma, pero con la nueva manera exclusivamente empírica de concebir la ciencia, encontró barreras al estudiar solamente lo visible a los sentidos. Limitó su campo de estudio: estudiar los pensamientos, sentimientos, percepciones humanas, invisibles, aunque todos sepamos que están ahí, se volvió de repente una tarea casi imposible a causa de este nuevo dogma. Con el avance de las estadísticas, y de la psicometría (medición de lo psicológico, a través de cuestionarios y tests) la psicología encontró una manera de superar ese dogma: La confiabilidad intersubjetiva. Cuando un número suficientemente grande (estadísticamente significativo) de personas responde un cuestionario de manera que coincidan las respuestas entre ellos, podemos afirmar que estamos ante un hecho objetivo (consenso), y no ante el resultado del mero azar, por más que se trate de un hecho no observable por los sentidos (no empírico). Esta fue una forma de encontrar consenso sobre hechos no empíricamente demostrables, y uno de los grandes avances de las ciencias humanas y sociales.

Lo que hay que tener claro es que el empirismo que comenzó con fines meramente prácticos, y con el paso del tiempo, todo el debate de la filosofía de la ciencia se fue cerrando en torno a él. Se volvió un tabú incuestionable: un dogma. Los científicos hoy día se olvidan de que el debate filosófico en torno a la ciencia siempre existió y seguirá existiendo, y que el empirismo es sólo una opinión más en este debate, no es la verdad absoluta, por lo tanto la transformaron en un dogma. Tiene que ver con el debate de cuál es más importante: la materia o la mente, los sentidos o la idea. Este es uno de los debates filosóficos que nunca no ha sido resuelto, pero nos hacen creer que ya está cerrado.

Mario Bunge, el epistemólogo argentino, en una charla llevada a cabo en 2011 (https://www.youtube.com/watch?v=5qKO1uhgASA&t=139s) acusa de pseudocientífico y de “idealista” al antropólogo Clifford Geertz por estudiar “cómo veía la gente el mundo” en un trabajo de campo en Marruecos. Lo acusa de ir contra la corriente científica y no contribuir absolutamente en nada. Esta acusación ridícula que se puede ver en el principio mismo del video, niega los avances de las ciencias sociales gracias a los métodos de entrevistas y cuestionarios, etnografía, como vimos perfectamente cuantificables y validables gracias a las estadísticas. Por otro lado, desconoce los métodos cualitativos y exploratorios, indispensables para observar los fenómenos y generar nuevas hipótesis.

Bunge es un claro ejemplo de dogmatismo empirista. Por otro lado, el avance de la tecnología siempre permite observar nuevos fenómenos no accesibles a los sentidos. Si cayéramos en el error de excluir por completo la existencia de lo “no observable”, la ciencia nunca hubiera podido descubrir y utilizar el electromagnetismo, hoy de uso común en la comunicación inalámbrica de todo tipo. Por otro lado, el campo de la conciencia y la experiencia individual es noempírico, pero no por ello inalcanzable por la ciencia.

°2. La lógica aristotélica: ¿Cómo se transforma la lógica aristotélica en un cepo dogmático en las mentes de los científicos? En la primera parte explicamos cómo funcionan los principios Aristotélicos, a continuación profundizaremos en cómo impiden el avance del conocimiento.

°2.1. Principio de Identidad: A es A. Todo ser u objeto es idéntico a los de su clase. Pensamos, según este principio, en términos de identificación, es decir, de identidad. Ejemplo: todos los cuervos son negros. Esto nos coloca dentro de miles de celdas lingüísticas que generalizan ideas y conceptos en lugar de encontrar las sutiles diferencias entre los mismos.

°2.1.1. Las celdas lingüísticas y la mezcla de conceptos: La lógica Aristotélica por principio de identidad enlaza mentalmente conceptos que no necesariamente significan lo mismo. La mezcla de conceptos puede llegar a volverse un verdadero dogma que impide pensar sobre la ciencia de manera clara. “Empirismo” y “positivismo” no son lo mismo, aunque muchos divulgadores lo usen de manera indistinta. Empirismo consiste en confiar exclusivamente en los datos de los sentidos, mientras el positivismo es el método científico hipotético deductivo, basado en los principios de reproductibilidad y falsabilidad. El primero se refiere al campo de estudio, otro al método. Como vemos en el ejemplo sobre los cuestionarios psicológicos, un hecho no empírico puede llevarse perfectamente al terreno del consenso científico, y así volverse una evidencia no-empírica, pero válida gracias a la validez intersubjetiva (el principio de la reproductibilidad es la que da validez a un conocimiento).

Finalmente, empírico significa “evidencia sensorial”, y no es sinónimo de “material”, ya que si lo fuera, toda la materia debería ser percibible por los cinco sentidos, y la tecnología actual y la física cuántica demuestra que esto no es así. “Evidencia” tampoco es sinónimo de empírica y mucho menos de material, sino que es el conjunto de pruebas o datos que se pueden obtener de la realidad, que respalden una determinada hipótesis. Datos obtenidos por observadores no son empíricos, y mediante estadísticas se puede saber.

Esto nos lleva a otro concepto que debemos tener claro, el de inductivismo: partir de las evidencias para sacar conclusiones. El método hipotético deductivo en el cual se basa el método científico funciona en ambas direcciones: Parte de una posible explicación de lo que observa (hipótesis) y busca las evidencias que respalden las mismas.

El debate de inductivo vs. deductivo tiene que ver con el debate idealismo vs. materialismo, ¿cuál viene primero, la materia o la idea?¿De dónde debemos partir, de la evidencia o de la idea? Karl Popper encontró que el método hipotético deductivo hacía valer ambas por igual, encontró un equilibrio que contribuyó al avance de la ciencia: Evidencia (materia) – hipótesis (idea) – evidencia (materia) – conclusión (idea).

Para Popper, el conocimiento “no comienza con percepciones u observación o con la recopilación de datos o de hechos, sino con problemas” Problemas, soluciones tentativas y eliminación de errores. [1].

Ejemplo:
• Problema: ¿Cómo son los cuervos?
• Evidencia (materia): observo muchos cuervos negros.

Hipótesis inductivista criticada por Popper (idea materialista): todos los cuervos son negros/ Hipótesis deductivista (idea sin evidencia material): existen cuervos blancos.
• Evidencia (materia): buscar la existencia de cuervos blancos.
• Conclusión (idea): no todos los cuervos son negros. (Contraria a la primera observación).

En el fondo se trata de uno de los debates filosóficos más importantes de la historia, y que nos quieren hacer que ya ha sido resuelto, y en el que profundizaremos más adelante: la relación entre la mente y la materia. ¿Qué son, cómo se influyen, cómo interactúan? Asimismo, tiene que ver con el papel del observador mismo al organizar y etiquetar lo que percibe, un papel que la ciencia actual siempre olvida, ya que el debate filosófico ha sido, de alguna manera tal vez intencional, silenciado.

°2.1.2. La generalización inductivista: Karl Popper fue tal vez el filósofo de la ciencia más influyente del Siglo XX, en especial por haberse atrevido a criticar el inductivismo materialista del Círculo de Viena, el elefante blanco de la época. Siempre fue insistente en que el científico tiene por deber pensar en “hipótesis audaces”, y pese a la tendencia materialista de su época, defendió resueltamente la existencia del alma y el mundo de las ideas.

Como vimos en el ejemplo, el razonamiento inductivo es el que generaliza según el principio de identidad, y concluye que por observar muchos cuervos negros, todos los cuervos son negros. Popper rompió con esta concepción de la ciencia, al desarrollar el método hipotético deductivo, base del método científico actual. Según el mismo, la ciencia avanza a través de buscar las refutaciones a las hipótesis más aceptadas. Insta a buscar el cuervo blanco, o el cuervo de otros colores. Mientras no se encuentre, la verdad sobre cuervos negros es “no falsada” es decir “no refutada”. Es una verdad provisional, temporal, e impide el surgimiento de dogmas. Está abierta a la refutación, y esa es la base del avance de la ciencia. Está abierta a las “hipótesis audaces”.

En este sentido, Jorge Estrella, epistemólogo chileno nos hace un excelente resumen de la filosofía Popperiana:
“En un siglo que se entusiasmaba con “las leyes inexorables de la historia” declamadas por el totalitarismo marxista, Popper tuvo el coraje y el talento necesarios para demostrar que el curso de la historia humana es impredecible; cuando el positivismo había convencido a medio mundo de que la ciencia es antimetafísica, que las teorías nacen de la experiencia y se justifican en ella mediante verificaciones precisas, Popper reivindicó a la tarea científica como un ejercicio fundado en suposiciones metafísicas que no adquiere por experiencia sus teorías sino por invención; y que no las justifica en verificaciones sino que procura refutarlas para ver si sobreviven a ese intento y muestran, así, su temple; que no hay verdades finales o esencias últimas ya encontradas por el conocimiento (como suelen creer no sólo el sentido común sino también numerosos científicos y filósofos) sino que la ciencia es una aventura de búsqueda sin término; en una cultura contemporánea donde señorean las tesis conductistas que niegan la existencia de los fenómenos mentales en nombre de un monismo materialista supuestamente inspirador de la ciencia, Popper defendió resueltamente el dualismo alma-cuerpo; si el determinismo ha sido hasta hace poco tiempo una ideología tácita, Popper se anticipó a examinarla rudamente y a sostener la verosimilitud del indeterminismo” [2].

Cuando los científicos se basan ciegamente en el principio de identidad, transforman las hipótesis en verdades absolutas, y el conjunto de hipótesis las transforman en teorías absolutas. En el peor de los casos, un conjunto de teorías se convierten en leyes, y ahí se vuelven dogmas totalmente inamovibles.
Tomar hipótesis como ciertas, teorías como verdades y leyes como incuestionables, es uno de los dogmas más fuertes que tienen que ver las celdas mentales del principio de identidad y la lógica Aristotélica.

Ejemplo: La velocidad de la luz (300.000 km/s) es la máxima velocidad alcanzable por cualquier partícula en el espacio. Esta es una ley aparentemente, tanto que se volvió un dogma. Su origen es la teoría de la relatividad de Einstein, y sus bases están en la fórmula de la teoría de la relatividad y de “incontables experimentos que la comprueban”. La famosa genialidad de Einstein consistió justamente de romper con las mismas leyes de Newton para estudiar el comportamiento de la luz, pero creó un nuevo dogma basado en las matemáticas y en la continua confirmación, contraria como vimos a las bases del método científico.

°2.1.3. El dogma de las fórmulas matemáticas: La fórmula que “demuestra” que la velocidad de la luz no puede ser superada, se basa en una suposición teórica. Muchos van a agarrarse de los pelos por el hecho de que cuestionemos las matemáticas, y eso es porque se trata de un dogma más. Los números nos dicen que, a medida que un objeto alcanza la velocidad de la luz, adquiriría masa infinita y por lo tanto necesitaría energía infinita para superarla. Recordemos que las matemáticas son un lenguaje más, y la lógica aristotélica toma el mapa por el territorio, es decir, el lenguaje por el hecho en sí. Esto también tiene que ver con el principio de identidad. Sobre esto, Henri Bergson nos decía:

“Las ciencias matemáticas sirven de estructura a las ciencias físicas, indispensables a nuestra acción. La dificultad está en que, según la metafísica de Bergson, la esencia de las cosas es el movimiento y la duración continua accesible solamente a la intuición, forma de unión íntima con las cosas, razón por la cual el intelecto y sus categorías matemáticas, que presuponen el espacio y la discontinuidad, son absolutamente incapaces de coger la esencia delas cosas.” [3]. Las matemáticas al basarse en variables discretas (no continuas) [4], por naturaleza será incapaz de captar la realidad como un todo, y de predecir el cien por ciento de las veces el comportamiento de las cosas. Pocos osan cuestionar el papel de las matemáticas en la física, este es otro dogma y es hora de comenzar a ver el hecho en sí, y no confiar ciegamente en el lenguaje de las fórmulas. Dejarle a la física, basada en las matemáticas, el monopolio del estudio de la naturaleza de la realidad, es otro gran dogma.

Como dijo el Premio Nobel de Física Niels Bohr (1885-1962), «es preciso reconocer que se trata aquí de un procedimiento puramente simbólico… Por consiguiente, toda la visión espacio-temporal que tenemos de los fenómenos físicos depende en último término de tales abstracciones» [5]. Sir James Jeans (1877-1946) era explícito a este respecto: en el estudio de la física moderna, afirma, «nunca podemos comprender lo que sucede, sino que debemos limitarnos a describir las pautas de comportamiento en términos matemáticos; no podemos aspirar a otra cosa. Los físicos que intentan comprender la realidad pueden estar trabajando en campos diferentes o con métodos distintos: uno puede que se dedique a cavar, otro a sembrar y otro a recoger. Pero la cosecha final siempre será un haz de fórmulas matemáticas. Y éstas nunca serán una descripción de la naturaleza en cuanto tal… [Por eso] nuestros estudios no alcanzan nunca a ponernos en contacto con la realidad» [6].

Supongamos ahora que esta fórmula es contrastada en innumerables experimentos, como nos dice la ciencia oficial. Aún así, recordemos que “por muchos cuervos negros que veamos, no significa que todos los cuervos sean negros” y que la única manera de encontrar cuervos blancos es buscarlos. Los experimentos, aunque sean miles, tenderán a confirmar lo que ya creemos, al menos que partamos de la hipótesis contraria y comencemos a buscar nuevas evidencias para esa hipótesis.

El siguiente dogma aristotélico nos explica cómo funciona esto:
°2.2. Principio Aristotélico de no Contradicción.
°2.2.1. El dogma anticientífico de la continua confirmación: El siguiente dogma relacionado a los anteriores y al principio de No- contradicción de la lógica Aristotélica, son las ganas de confirmar continuamente lo que ya se cree, a veces a grados tales que ya no es un mero error, sino se vuelve una prohibición deliberada de quienes controlan los grandes laboratorios y centros científicos del mundo. También tiene que ver con el mismo ego de los científicos que no aceptan que se les contradiga, que se les diga que pueden estar equivocados.
Si estamos convencidos de una idea, que es lo mismo que estar convencidos de una hipótesis, los distintos experimentos tenderán a confirmar siempre esa idea. Por eso es importante plantearse la hipótesis que contradigan a la idea dominante, para poder ver las evidencias de ésta nueva idea. Sin la nueva hipótesis, aunque tengamos las evidencias enfrente de nuestras narices no las vamos a ver, o las vamos a atribuir a otra cosa, o vamos a acomodarlas de tal manera que no contradigan la idea de la cual partimos.

Por eso consideramos que el aporte de Karl Popper es invaluable con su principio de falsación y su crítica al inductivismo: el inductivismo confirma siempre la misma idea ya que parte de la evidencia para llegar luego a conclusiones. Es la forma más segura que tiene la ciencia de no avanzar. Al respecto, Popper decía: “No podemos dar ninguna razón positiva para sostener que nuestras hipótesis son verdaderas” [7]. En su obra “Conocimiento objetivo”, lo plantea así “¿Cómo se justifica que, partiendo de casos (reiterados) de los que tenemos experiencia, lleguemos mediante el razonamiento a otros casos (conclusiones) de los que no tenemos experiencia?” [8].

El dogma inductivista está obsoleto, sin embargo en las mentes de muchos científicos está plenamente vigente. Está basado también en el principio Aristotélico de “No contradicción”, que dice que una cosa no puede ser y no ser a la vez. Con tal de no contradecirse, con tal de no hablar de la hipótesis contraria a la aceptada, confirman una y otra vez la hipótesis “oficial”, olvidando que sólo se trata de una “hipótesis no refutada” según las propias bases del método científico que ellos mismos utilizan.

En dos oportunidades se ha demostrado que se puede superar la velocidad de la luz en laboratorio, gracias a científicos que fueron capaces de seguir al pie de la letra el método hipotético deductivo y se plantearon la hipótesis audaz, dejando de lado todo dogmatismo.

En el año 2000, el científico de la Universidad de Princeton Lijun J. Wang demostró que “Un pulso de luz que avanza a velocidad tan increíble que, paradójicamente, se detecta a la salida de una caja de gas cesio 62 milmillonésimas de segundo antes que a la entrada. El experimento muestra que la luz en forma de paquetes o pulsos puede, en condiciones muy especiales, sobrepasar 310 veces su propio límite de velocidad (300.000 kilómetros por segundo), establecido en la teoría de la relatividad especial de Einstein. [https://elpais.com/diario/2000/07/20/sociedad/964044016_850215.html].

En otras palabras, demostró que la luz fue tan rápida que incluso rompía con la ley de causalidad, ya que salía de la caja (efecto) antes de entrar (causa). Sin embargo, al leer el artículo al respecto, vemos que pasan más tiempo explicando por qué este hallazgo no viola la ley de la velocidad de la luz ni la ley de la casualidad, que explicando las implicancias que tiene el hecho de que sobrepasen las velocidad de la luz, aunque sea a condiciones especiales. Es decir, se preocupan mucho más en cuidar los dogmas que en asombrarse por las posibilidades de avances y nuevas exploraciones de la ciencia.

El rayo de luz parece viajar en el tiempo, ya que sale de la caja de gas antes de entrar. Un científico no- condicionado, que se anime a contradecir una ley, se haría nuevas nuevas preguntas y plantearía nuevas hipótesis. Por ejemplo podemos aventurarnos a hacer la siguiente pregunta: ¿Viaja la luz en el tiempo? ¿Es la velocidad la base de los viajes en el tiempo?.
Recordemos que, según la propia teoría de la relatividad, cuando un objeto material se mueve a la velocidades cercanas a la de la luz, el tiempo comienza a pasar más lentamente para ese objeto, creando la famosa paradoja de los gemelos: El gemelo viajando a la velocidad de la luz por el espacio, volvería dos años más viejo mientras su hermano en la Tierra sería 70 años más viejo. Es imposible no preguntarse si la velocidad de la luz es un límite impuesto arbitrariamente para cuidar las fronteras actuales de la física y la forma como entendemos el mundo.
En setiembre de 2011, el CERN anunció nuevos hallazgos: los neutrinos superaron la velocidad de la luz

[https://www.elmundo.es/elmundo/2011/09/22/ciencia/1316718466.html].

En este artículo, leemos textualmente: “contó a Reuters que los tres años de mediciones han mostrado que los neutrinos se movían 60 nanosegundos más rápido que la luz en una distancia de 730 kilómetros entre Ginebra y Gran Sasso, en Italia.” También leemos que afirma: «Queríamos encontrar un error, un error trivial, uno más complicado o un efecto desagradable, pero no lo hemos encontrado», dijo el investigador a la BBC.

En otras palabras, durante tres años midieron y confirmaron que los neutrinos viajaban más rápido que la luz, escudriñando cuidadosamente que no haya errores. En la prensa, la principal preocupación que se leía era la de que los neutrinos “desobedecen a Einstein”, como si una persona no pudiera equivocarse: dogmatismo.
En julio de 2012, 10 meses después, la prensa anuncia que el experimento tuvo un error, y que realmente los neutrinos no viajan a la velocidad de la luz: “El fallo principal estaba en una conexión de fibra óptica mal ajustada; el otro residía en un temporizador. El conflicto interno desembocó en la dimisión de su portavoz, Antonio Ereditato así como de Dario Autiero, que había hecho la flamante presentación en el CERN”.

(https://elpais.com/sociedad/2012/06/08/actualidad/1339154547_879974.html).
¿Durante tres años se equivocaron por un cable mal colocado? ¿Por un temporizador mal ajustado? ¿De verdad debemos creer que en el CERN, un lugar donde la seguridad es lo principal, el error por tres años pueda ser un cable mal colocado? ¿En 10 meses refutaron los experimentos de tres años? ¿Debemos creer lo que nos dicen? Por otro lado, el científico renunció ¿Por qué? Si sabemos que es tarea de un científico equivocarse y enmendar su error. Más bien suena como que renunció por la presión que tuvieron al poner en cuestión las leyes de Einstein. Sea como sea, lo evidente es que este sistema castiga el error y las ideas contradictorias con lo establecido.

Si pensamos dogmáticamente, vamos a creer todo lo que nos dice “El CERN” ¿Cómo va a mentir el CERN? Pero justamente esos dogmas de autoridad y de no contradicción estamos poniendo en cuestión. Dos experimentos demostraron que la velocidad de la luz puede superarse, pero con tal de no contradecir a Einstein, no se sigue explorando en esa dirección. Se cerraron las puertas con excusas nada convincentes.

Esto nos lleva al tercer dogma de la lógica A:
°2.3. Principio de tercero excluido: Excluir todo tipo de hipótesis e ideas alternativas, no pensar desde la base de multiplicidad de opciones de lo que estamos observando. Limitar deliberadamente el campo de observación y por lo tanto el campo científico. Esto se refleja especialmente en el:

°2.3.1. El dogmatismo ciencia vs. pseudociencia de los nuevos divulgadores científicos:
Hoy día es muy común ver que intelectuales que se atribuyen el trabajo de divulgadores científicos, hacen una división arbitraria entre lo “científico” y lo “pseudocientífico”. Recurriendo a una autoridad que nadie sabe de dónde sacaron, para ellos, lo “pseudocientífico” simplemente no merece la menor atención de alguien que busque seriamente el conocimiento. Se llaman a sí mismos “escépticos” como si ese fuera un título de honor, y se escudan en la idea de “alertar a la población”.

Estamos de acuerdo en que es necesario hacer una división entre conocimientos válidos que aumenten nuestra comprensión de la realidad, este fue uno de los objetivos más importantes de epistemólogos y científicos que asentaron las bases de la ciencia actual. Lo grave es que es que esta nueva raza de intelectuales llama “pseudocientífico” a cosas que han pasado o pueden pasar por la experimentación científica, a cosas de las que es fácil hallar evidencia. Tiene que ver con el error que vimos de limitar el campo de estudio a su antojo. O bien, desprecian el conocimiento “metafísico”

siendo que sencillamente se trata de otro tipo de conocimiento, así como la música, los idiomas, la literatura que son campos no científicos, pero no por ello dejan de ser conocimientos.
Pocos saben, por qué se evita hablar de ello, que el propio Karl Popper al final de su vida reconoció la importancia del conocimiento metafísico (más allá de lo físico) para el propio avance de la ciencia, y la indisoluble relación entre ciencia y metafísica en todo el proceso de la misma [9]. Es sorprendente ver cómo la mayoría de los científicos actuales divulgan que Popper fue un gran enemigo del conocimiento metafísico, cuando eso es una rotunda mentira, en especial al final de su vida, cuando hablo de que existe una “fe irracional en la razón” y la “creencia en las regularidades” [10] .

Popper decía que el psicoanálisis y el marxismo son pseudociencia porque, cuando ocurre un hecho que contradice sus postulados (ejemplo, nunca se llega a la dictadura del proletariado), siempre encuentran una explicación ad hoc que termine confirmando su teoría, es decir no se someten a falsación sino a una continua confirmación. Es decir, su único criterio para decir que una hipótesis era pseudocientífica era no ser falsable.
La charlatanería existe, pero estamos seguros que la manera en que se excluyen conocimientos bajo esta etiqueta no es la correcta, y a continuación profundizaremos en ello.
El primer error garrafal que cometen es confundir conceptos, como ya vimos antes. Utilizan “misticismo”, “pseudocientífico”, “inmaterial” “sin evidencia” “pensamiento mágico” y “metafísico” y hasta “sobrenatural” como sinónimos. Y para ellos, todo lo que, según sus arbitrarios criterios, encaje en estas categorías, no es digno de siquiera la más mínima atención, no sólo científica sino de ningún tipo.

Lo que pasa realmente con estos “intelectuales” no pueden aceptar la idea de que alguien refute los conocimientos que creen haber adquirido, mucho menos si se trata de nuevas teorías o leyes que desafíen las anteriores. Tienen una noción acumulativa de la ciencia, no una noción dispuesta a revisarla. Y en ese intento de evitar ser refutados, dividen el mundo “científico” del “no científico” de manera arbitraria. Claro, es más fácil etiquetar a una nueva idea de “pseudociencia” que correr el riesgo de estar equivocados.

Generalmente le llaman con estas etiquetas a todas las hipótesis que son contrarias o que desafían su visión de la realidad, contribuyendo seriamente al estancamiento de la ciencia. Excluye demasiadas posibilidades e hipótesis del campo de la ciencia, en especial las contrarias a sus esquemas, sin criterios válidos como el de la falsación popperiana. Divide en científico y pseudocientífico sin aceptar terceras posibilidades: nuevas hipótesis no exploradas, exploradas a medias, dignas de ser exploradas, etc.

Richard McNally, catedrático de Psicología de la universidad de Harvard, manifiesta: «El término ‘pseudociencia’ se ha convertido en poco más que una palabra de moda incendiaria para desacreditar rápidamente a un oponente a través de los medios de comunicación» y «Cuando los terapeutas manifiestan haber obtenido logros con sus prácticas, no deberíamos gastar nuestro tiempo en tratar de averiguar si sus prácticas se las pueden calificar de pseudocientíficas. En vez de eso, se le debería preguntar: ¿Cómo sabe usted que su práctica funciona? ¿Cuál es su evidencia?» [11].

Ésta corriente de iluminados intelectualoides tiene su mayor eco actualmente en el pensamiento del epistemólogo Mario Bunge, y es contraria inclusive a los principios de la ciencia positivista del círculo de Viena y el método hipotético deductivo de Karl Popper, que es el método extensamente utilizado en la ciencia actual.

Dice Mario Bunge: “La pseudociencia y la pseudotecnología son versiones modernas del pensamiento mágico. Se las debe someter a examen crítico no solo para limpiar la cultura, sino también para impedir que los curanderos limpien nuestros bolsillos. Para criticarlas no basta mostrar que carecen de apoyo empírico, ya que, después de todo, se podría creer que tal respaldo llegará en algún momento. También tenemos que mostrar que esas creencias en lo misterioso o lo paranormal son contradictorias con teorías científicas sólidamente establecidas o con principios filosóficos fértiles [12].

¿Qué parte de la cultura hay que limpiar? (generalización) ¿A qué le llama “paranormal”? Sin ningún pudor, niega el papel de la evidencia (lo más importante en la ciencia), y habla de que si, son contradictorias con teorías científicas solidas (¿cuáles, si la ciencia siempre está abierta a la refutación?) o principios filosóficos fértiles, deben ser mentira. Ya vimos antes cómo Mario Bunge desdeña la etnografía y el estudio de las percepciones humanas, las llama “idealismo” y “no científico” como si la ciencia no hubiera encontrado ya la manera de registrar y estudiar ideas.

En la misma charla, Bunge critica a Claude Levy Strauss, y dice que la gente le creyó “porque escribe muy bien”. Levi Strauss relacionó el papel de la gramática con otros aspectos de las sociedades primitivas de una manera interesante ¿Por qué despreciar esto, tratándolo como pseudociencia? Aún en el caso de que Levi Strauss no lo haya desarrollado correctamente con el método científico, es una hipótesis interesante que no puede desdeñarse. Hace lo mismo con muchos otros científicos, de manera arbitraria e injusta. Nada más que decir, dogmatismo puro y duro.

Por otro lado, el conocimiento “metafísico” que es utilizado también por estos intelectuales para menoscabar áreas enteras del conocimiento, Popper lo definía como: «el conjunto de enunciados que pueden tener sentido pero que no pueden someterse a pruebas experimentales». Tales como: las concepciones que existen de la libertad, la justicia, el origen del conocimiento, los problemas existenciales, etc. Esto demuestra lo errónea de esta etiqueta y la ignorancia de quienes la emplean.

Engloban a disciplinas enteras como pseudocientífica, produciendo un rechazo social y en la comunidad científica a todo tipo de hipótesis que pueda partir de alguna de estas disciplinas, sin importar que pueda aportar al avance del conocimiento. Peor aún, mienten y siguen calificando como pseudociencias a disciplinas o terapias que han comprobado su eficacia mediante el método experimental.

El filósofo de la ciencia Larry Laudan ha manifestado que el concepto pseudociencia no tiene significado científico y se usa mayoritariamente para describir una apreciación subjetiva: «Si quisiéramos permanecer firmes al lado de la razón, deberíamos deshacernos de términos como ‘pseudociencia’ y ‘acientífico’ de nuestro vocabulario; son solo palabras huecas que cumplen una función emotiva.» [13].

Bunge lo que hizo fue un torpe intento de excluir miles de posibles hipótesis dándoles una etiqueta despectiva a priori. Esta manera de ver el mundo excluye a disciplinas enteras, como la criptozoología que lo que hace es estudiar especies animales extintas y no catalogadas por la ciencia oficial, pero de las cuales se puede encontrar evidencia empírica. Es decir: una vez que se cerró el “catálogo de lo aceptado”, no se puede incluir nada nuevo. Rechazan así de manera rápida investigar nuevas posibilidades de terapias médicas o psicológicas, de fuentes de energía, o ahondar en fenómenos físicos que no cuadran con las leyes de Newton, como la física cuántica.

Esto nos lleva al siguiente dogma:
°2.4. El dogma de la definición de materia y su interacción con la mente del observador: ¿Qué es la materia? Ésta ha sido por siglos la pregunta principal de los filósofos, y es la base de la investigación científica. En el fondo, la ciencia es filosofía, ya que siempre son principios filosóficos los que guían su método. Se ha dejado de lado el debate filosófico sobre la naturaleza de la materia, como si de alguna manera se hubiera resuelto con las leyes de Newton (en la primera parte analizamos las implicancias del paradigma newtoniano): La física clásica define como materia, a un objeto impenetrable, limitado en el espacio y el tiempo, percibido por nuestros sentidos. Lineal en su movimiento y sobre el paso del tiempo, la mente del observador no influencia en nada sobre ella, y sólo movimientos mecánicos y cambios químicos pueden modificarla.

El concepto de evidencia empírica quedó secuestrado por el principio de identidad. Llaman evidencia empírica solamente a datos obtenidos por medio de los sentidos, de naturaleza material y por lo tanto aparentemente sólida y mecánica. Estamos de acuerdo con que la evidencia empírica es lo único que puede guiar a la ciencia, pero ¿a qué le llamamos evidencia empírica? ¿A la materia? ¿Qué es la materia?.

El propio concepto de materia debe someterse entonces a una nueva hipótesis, ya que la física cuántica vino a traer nuevas evidencias inconsistentes con la vieja definición de materia, evidencia cuántica. Sin embargo, esta nueva evidencia parece ser ignorada, ya que siempre se parte de la hipótesis de que la materia ES según lo descrito por la física clásica. Necesitamos nuevas hipótesis audaces sobre la materia para poder ver las evidencias en su justa dimensión para el cambio que puede representar para el paradigma científico.

En 1909, Ernest Rutherford descubrió la estructura interna del átomo, y observó que éste era esencialmente vacío, es decir, que no había “materia” dentro del átomo, sino un 99% de vacío, y el resto, podía calificarse más como energía que como materia. En 1919, Werner Heisenberg comprobó que no es posible medir simultáneamente la posición y la velocidad de las partículas subatómicas ya que las propiedades análogas a la velocidad y la posición adquieren consistencia únicamente en el momento de la medición. Dadas estas conclusiones, en el nivel subatómico se demuestra que la materia no “existe” sino que “muestra tendencia” a existir. Las partículas no son puntos materiales de localización precisa, sino que son paquetes de onda, es decir, posibilidades de existencia.

Esto se demuestra en el famoso experimento de la doble ranura, que es mejor verlo que describirlo, (https://www.youtube.com/watch?v=hdqLZk28OiI ) pero consiste básicamente en hacer pasar protones (los protones son considerados materia) por dos ranuras paralelas (con forma de los agujeros finos rectangulares de maquina tragamonedas) a grandes velocidades, hasta “pegarse” por una pared atrás de las ranuras. Normalmente, uno esperaría que los protones se “peguen” a la pared siguiendo el molde rectangular de la ranura, pero lo extraño que descubrieron los científicos es que no seguían este patrón, sino que se “pegaban” a la pared distribuidos en todas las direcciones, como si fuera las huellas de una onda de agua. Este experimento desconcertó a los físicos, entonces decidieron poner una cámara para ver por qué rendija pasaba cada protón. Ni bien hubo una cámara, es decir, un observador, los protones tuvieron el efecto esperado, y se localizaron pegados a la pared con la forma de la ranura por la que pasaron. Esto demuestra que los protones muestran un patrón de onda (posibilidades) cuando no son observados, y un patrón de partícula (localizadas) cuando son observadas.

Al papel del observador sobre la función de onda se le llamó “colapso de la función de onda”, y pocos lo saben pero es la base de la famosa frase “la curiosidad mató al gato”. El experimento denominado “gato de Schrödinger” fue ideado por el físico Erwin Schrödinger en 1935. Propone que se podría (poner un gato en una caja con explosivos que tienen el 50/50 de detonar cuando se cierra la caja. No se sabe si el gato está vivo o muerto hasta que se abra la caja. (https://www.youtube.com/watch?v=z9ebtjvkFm8). Lo que planteaba Schrödinger es que, mientras mantengas la tapa cerrada, el gato se mantiene en un estado de superposición – está vivo y muerto a la vez, y que el observador es el que hace que “colapse la función de onda” y en ese momento se decide el destino del gato.

Este experimento fue comprobado no con un gato sino con moléculas de Yodo (Na) en 2005: (https://nmas1.org/news/2016/09/28/gato-schrodinger-atomo).

En dicho experimento, la molécula dentro de la caja es excitada por rayos X de manera continua, sin ser observado. Se sabe que los rayos X tienen una probabilidad de 50% de excitar a una molécula de sodio y de 50% de no hacerlo, por eso eligieron bombardearla con ellos. Encontraron un sistema para que lo que ocurre con ella deje un rastro, una especie de fotocopia. El experimento concluyó con una imagen de dos versiones de la misma molécula, una activa y la otra inactiva, al mismo tiempo. Es menos intuitivo que la versión con el gato, pero en el artículo puede leerse que el mismo principio fue comprobado. También a través de eso se entiende mejor lo que pasó con los protones: Cada uno pasó por ambas ranuras a la vez, por una y por otra y por ninguna, todas al mismo tiempo, y como resultado se creó el patrón de onda.

Conclusión: el observador es quien define que la materia deje de ser onda y se localice de alguna manera. Esto debería plantear toda una nueva hipótesis sobre la naturaleza de la materia, para poder encontrar las nuevas evidencias que la respalden. En lugar de eso, lo que hacen los físicos es decir “la materia se comporta así a nivel cuántico”, pero fuera de él, sigue siendo igual. Como si la materia a nivel cuántico no fuera la misma materia que tenemos todos los días delante de nosotros. Es una nueva manera en que el principio de no contradicción actúa. Dividieron la física en clásica y cuántica, con diferentes supuestos comportamientos de la materia.

Aquí podemos leer un experimento similar llevado a cabo en 2015 en la Universidad de Australia: «Esto demuestra que la medición lo es todo. En el nivel cuántico, realmente no existe si no lo estás buscando», ha afirmado el investigador y físico Andrew Truscott” (https://www.abc.es/ciencia/20150602/abci-realidad-existe-201506021020.html).

Estos experimentos nos llevan a nuevas preguntas filosóficas e hipótesis científicas. Popper con su Teoría de los tres mundos, hacia el final de su vida abrió el camino para la ampliación de la dualidad mente-materia, “yo, por mi parte – dice Popper–, soy trialista. No dualista, sino trialista” [14]. Esto deja abierto la ampliación del estudio de la interacción entre la mente y la materia.
Con los experimentos cuánticos, vemos que ya no se puede hablar si, entre ideas y materia cuál es más importante, o cuál precede a cuál, sino de la interacción constante entre las ideas del observador y la materia. De la manera como el observador moldea a la materia de una manera no mecánica y no aristotélica. Si el observador influye, es de esperarse que no sea su ojo el que influye sino su mente. Y si influye su mente, se espera que influyan también sus ideas.

En este sentido, Popper le dio un primer esbozo a esta idea, diciendo que vamos a encontrar sólo las evidencias que esperemos encontrar partiendo de la idea o hipótesis, lo cual es importante pero no es definitivo. Ya no sólo se puede encontrar la evidencia, sino también moldearla en el momento en que aparece (demostrado con la doble ranura).

Si partimos de esta nueva hipótesis, se puede falsar y tomar por obsoletas todas las bases de la ciencia actual. El mecanicismo, los límites espaciotemporales, todo podría ponerse en cuestión. Sólo pasa por animarse a formular hipótesis audaces, sin temor a caer en el ridículo. Además, si partimos de esta nueva hipótesis, vemos que durante toda la historia y durante el transcurso de nuestras vidas pudimos ver incontables evidencias de comportamientos incompatibles con la física clásica.

Sucesos paranormales, fantasmas, viajes en el tiempo, bilocación, telepatía, todo puede tener una explicación cuántica, si nos atrevemos a tomarlos como evidencia basados en una nueva hipótesis. Ocurre que pese a que toda la vida escuchamos hablar de ellos, omitimos esta evidencia porque partimos de una sóla hipótesis aristotélica sobre la naturaleza de la materia. ¿Qué pasaría si partimos de la otra hipótesis? Estamos convencidos de que la física cuántica podría explicar muchísimos más aspectos misteriosos y desconocidos de la realidad, sacarlos del terreno de la especulación y volverlos evidencia científica. La física parece desconocer estos avances cuánticos, no se formula nuevas hipótesis y trata a toda costa de proteger los cercos de la física clásica.

La nueva hipótesis cuántica sobre la materia sería: “la materia es energía en movimiento, influenciable por el observador”. Si no se parte de esta nueva hipótesis, tampoco se encontrarán las evidencias que la confirmen, porque no se pasó por el proceso de desprogramación necesario.

Debemos entonces, siguiendo lo que propuso Popper, partir de una nueva hipótesis audaz sobre la materia, aunque contradiga todo lo que creemos conocer de la realidad, una nueva deducción, y comenzar a buscar y principalmente VER las evidencias que excluimos deliberadamente de nuestro campo de observación: La nueva hipótesis a partir de la observación cuántica sería: la materia como conocemos no existe, solo existe energía moldeada por la mente del observador.

Para explorar ésta nueva hipótesis audaz sobre la naturaleza de la materia, Debemos liberarnos de todos los condicionamientos del psiquismo y del ego.
El sistema NO Aristotélico – NO Cartesiano – NO Newtoniano – NO Einsteniano, permite limpiar, ordenar y descubrir de nuevo nuestra percepción con el objetivo de ver, comprender y vivir como un organismo dentro de un todo, intuitivo y sensible, al mismo tiempo que racional, preparado tanto para la acción como para la contemplación. Aquella persona humilde, libre de ego, que sea capaz de contemplar, sorprenderse y fascinarse ante las cosas más simples de la vida, sin etiquetarlas ni querer definir su origen o significado, es capaz de asimilar la realidad del mundo NO – A.

“El progreso de la ciencia tiene lugar, en gran medida, a través del descubrimiento de los errores anteriores… en general, cuanto más sabemos mejor nos damos cuenta de que no sabemos. (El espíritu de la ciencia no es otro que el de Sócrates.)” Karl Popper [15].

°REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.
(1) Popper, Karl.La Lógica de la Investigación Científica. Madrid: Tecnos, 2ª edición, 2001a.
(2) https://www.cepchile.cl/cep/site/artic/20160303/asocfile /20160303183332/rev62_estrella.pdf
(3) Henri Bergson, Essai sur les données immédiates de la conscience, in Œuvres, París,P.U.F., edición 1984, p. 56.
(4) Sobre lo continuo y lo discreto véase, por ejemplo, H. Weyl, El Continuo, 1918; R.Thom, Stabilité structurelle et morphogenèse, 1972.
(5) N. Bohr, Atomic Theory and the Description of Nature (Cambridge University Press, 1961), p. 77.
(6) Sir James Jeans, Physics and Philosophy (Cambridge University Press, 1942), pp. 15-17.
(7) Karl Raimund Popper, Realismo y el objetivo de la ciencia, p. 59.
(8) Karl Raimund Popper Cf. Conocimiento objetivo , p. 17.
(9) Karl Raimund Popper, Realismo y el objetivo de la ciencia, p. 218.
(10) https://rdu.unc.edu.ar/bitstream/handle/11086/3863/35%20 -%20Ciencia%20y%20metafisica.pdf?sequence=1
(11) McNally RJ (2003) Is the pseudoscience concept useful for clinical psychology? SRMHP Vol 2 Number 2 Fall/Winter[2]
(12) Bunge, Mario (2010) Las pseudociencias, ¡vaya timo! Pamplona: Laetoli.
(13) Ruse, Michael (1996). But Is It Science?: The Philosophical Question in the Creation/Evolution Controversy (en inglés). pp. 337-350.
(14) Popper, Karl. Three Worlds (1978). The Tanner lecture on Human Values. Delivered at The University of Michigan, April 7, 1978
(15) Karl R. Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, op. cit., p. 345.